–Estás, bellísima.– Me dice muy halagador.
–Tú no te quedas atrás. Te ves muy guapo.– Le respondo.
–Nos vemos en un rato. No vayas a faltar a la cena...– Me dice Martha.
–Ahí estaremos.– Respondió Marcos.
–Si eres confianzudo...– Le digo entre risas.
–Es que yo también voy.– Dice riendo.
Abre la puerta del carro para que me siente. De un modo muy caballeroso. Y me dice: –¿Nos vamos señorita?– Agarró la maleta y la guardó en la parte de atrás del vehículo.
–Nos vamos caballero.– Le respondo.
Es un momento mágico. Es mí cuento de hadas.
Cuando estamos ya en camino al restaurante, me dice: –Nunca había asistido a un evento de éstos. Gracias por invitarme. Fue realmente fantástico, la preparación, el maquillaje. Valió la pena tanto esfuerzo y tantos ensayos. Estuvo perfecto. Se nota que trabajaron mucho sus técnicas y con disciplina.–
–Así es, tienes razón. Mucha disciplina y constancia. Trabajo en equipo.– Le reafirmé. –Que bueno que viniste. Gracias.–
–¿De verdad tu familia no vino?– Me pregunta.
–No. A ellos no les gusta estos eventos.– Lo dije dejando un silencio en el ambiente.
–Mejor así, así te tengo para mí toda la noche.– Lo dijo mientras agarra mí mano, llevándosela a la boca para darle un beso. –Si quieres, también puedes desayunar conmigo. Mientras yo te desayuno a ti.–
–Me intimidas sabes...– Balbuceo entre una risa nerviosa. –Vas muy de prisa. ¿Por experiencia o por seguridad? No lo sé, pero, me pones nerviosas.–
–Te deseo Julieta. Perdóname por no controlar mis deseos de tenerte conmigo.– Dijo, soltando mi mano.
Un silencio frío inundó el espacio.
Llegamos al estacionamiento del restaurant. Seguíamos en silencio. Nuestras miradas se encontraron, se engancharon y gritaban a voces que el deseo era mutuo. Hubo un huracán de sensaciones en mi pecho, en mi zona sur, en todo mí cuerpo.
Mí vestido era ceñido al cuerpo, con desconté en forma de V.
Marcos rozó con sus dedos, todo el borde de la tela del escote de mí vestido. Levantó un poco, como para cerciorarse que sí llevara puesto su regalo.
Sonriendo entre picardía y ternura me dice: –Déjame quitartelo.
Nerviosa le dije en forma de reto: –Pensé que me tocaba hacerlo yo misma, mientras bailara para ti.–
Rozó mis muslos con su mano, llegando a rozar también mí ropa interior.
Mi boca se abrió en forma de jadeo. Estaba realmente excitada por lo que estaba ocurriendo entre nosotros.
Respiró y sacudió su cabeza, cómo volviendo en sí. –Vamos, que si me quedo un minuto más en éste carro contigo, no respondo por lo que pueda pasar.– Me da un beso en la mano y se baja del carro.
Dio la vuelta y se abrió mí puerta. Me ofreció su brazo y me llevó así hasta llegar a la entrada del restaurante. Ahí estaban mis amigas esperando que todo el grupo llegará para sentarnos todos y comenzar nuestra celebración.
–Hola chicas. Les presento a marcos.– Les dije.
¡Qué bueno que es un hombre agradable y conversador!
Y mis migas unas indiscretas...
–¡Que bello tu regalo Marcos.– Luis, tienes que regalarme algo así, le dice Martha a su esposo.
Luis, ignorante de lo que me habían regalado. No supo que responder.
Marcos, se sonríe y me mira con un poco de pena en su rostro.
Le guiño un ojo y le lanzó un beso al aire, con gestos como de despreocupación...
–¿Qué te regalaron Juli?– Dice Karina.
A lo que le respondo, mirando a Martha, para que no me delate. –Una rosa, espectacular, huele delicioso.–
Martha dice, después de su risa escandalosa: –Si. Una rosa muy diminuta y atrevida.
Entramos y nos ubicaron en una mesa cómoda, para los que estaríamos en la cena. Milagros y su esposo Alejandro, Martha y Luis, Marcos y yo, Karina y Angélica.
El mesero llega con una botella de vino y las copas. Sirviendo a cada uno de los que estábamos ahí.
Comenzamos a brindar:
Estuvo genial...
Tenemos que seguir bailando...
No desintegramos el grupo...
Que siga creciendo la amistad...
Que no nos deje la elasticidad...
Por una flexibilidad por siempre...
Parecíamos jovencitas desenfrenadas entre brindis y brindis.
Marcos se acerca a mí oído y me dice: –Quiero brindar por ti, por éste encuentro, por ésta aventura que apenas comienza–.
Le respondo alzando mí copa y guiñando un ojo: –Por muchas rosas diminutas. Salud.–
–Por ustedes chicas. Que bueno que aparecieron en mí camino. Hacemos un grupo muy ameno y divertido.–
Después de brindar, llegó la cena no era un restaurante muy de lujo, pero si más bien espacioso y agradable, buena atención y rica comida.
Cada quién pidió a su preferencia. Y degustamos nuestros platos con un hambre atroz, Ya sin nevios, ni estrés del baile...
Martha y Luis, tienen hijos y optaron por marcharse después de la comida.
También Karina, se despide.
Martha se acerca a mí y me dice: –No bebas mucho para que puedas bailarle a Marcos. Que la pases súper. Me cuentas, me cuentas...–
–Cuídate amiga, chao Luis. Los quiero mucho, tengan cuidado en la vía. Manejen con cuidado.– Los despido desde lejos aún con la mano.
–Chao Karina, nos vemos pronto. Cuídate mucho y saluda a los niños.–
Que bueno que Karina vive lejos y no se puede quedar, porque con su indiscreción, seguramente todo el centro comercial se iba a enterar de nuestro encuentro nocturno y de discoteca.
Sólo quedamos, Milagros con su novio Alejandro, Angélica, Marcos y yo.
–¡Vamos a bailar a una disco!– Dice Milagros.
A lo que Alejandro contesta, –Recuerda que mañana salimos de viaje y nos toca dejar todo en orden.–
¡Si!, yo voy con ustedes. Tengo tiempo que no voy a una disco.– exclama Angélica. –Me voy con ustedes Milagros, para no interrumpir a la parejita de la noche...–
Nos degustamos con una rica cena, fuimos muy bien atendidos y quedamos en volver al restaurante.
–Nos encontramos en el estacionamiento de la disco.– Dice Alejandro.
Marcos, hace un gesto en señal de aprobación y le dice: –Si, allá nos vemos.–
Marcos me toma por la cintura, mientras nos dirigimos hasta su carro.
Un fuego intenso, recorrió mí cuerpo, cuando ese hombre me tocó. Sentí que me derretía por completo.
–Me agradan tus amigos.– Dijo.
–Gracias Marcos, espero que la estés pasando muy bien. Gracias por haber venido.– Le dije.
–¿Sabes qué? Muero por verte bailar, para pasarla mejor...– Responde.
Con un poco de risas, le dije : –Vamos a una disco, ahí se baila...–
Subimos al carro, toma mí mano, le da un beso y me dice: –No quiero prometerte nada a futuro, quiero conocerte y que conozcas mí mundo. Me gustas y me vuelve loco verte. Me excita tu presencia, tienes algo inquietante, algo que me hace querer estar contigo.–
Agarra mí mano entrelazando sus dedos a los míos, dejando la palma de mi mano libre y hacia abajo, y la lleva a su entrepierna...
–Mira como me pones...– Y aprieta mí mano con la suya.
–Marcos.– Dije en un gemido.
Pude sentir lo duro y erecto que estaba su pene. También su tamaño y no está nada mal...
–Tal vez, no estoy tan lejos de tu mundo.– Dije con mi mirada puesta en la suya y mí boca entreabierta por la respiración agitada del momento. –Me excita que seas un hombre atrevido y sin pudor. Directo. Y no, tampoco quiero promesas que no se vayan a cumplir.– Continúe.
Terminamos besándonos, comiéndonos las bocas, como dos desesperados.
Hasta que Alejandro, tocó la bocina de su vehículo y nos hizo reaccionar.
Marcos, bajó el vidrio y le gritó: –Ya vamos. Te sigo.
Arrancaron los autos camino a la discoteca.
Marcos, dice: –¿Puedo pedirte algo?–
–Claro, dime.– Le respondo.
–Al llegar a la disco, después de bailar conmigo, quiero que bailes con un extraño, quiero verte bailar con otro hombre que no sea yo. Quiero que seas sensual con él, que se enloquezca con tus movimientos, que se excite de tenerte a su lado. Quiero que mientras haces eso, no pierdas el contacto visual conmigo.–
–Le respondí; –¿No es mejor, bailar así contigo?–
–Quiero verte, quiero ver como seduces a alguien más. Pensarás que estoy loco, pero eso me excita, y contigo, siento que puedo ser yo, sin esconder mis prevenciones, mí modo distinto de disfrutar del placer.– Me responde, añadiendo también: –Veo en tu cara que te gusta jugar rudo, que quieres jugar... Que te gusta el morbo de lo prohibido, de lo peligroso, de lo distinto.–
–Quiero domarte, hacerte mía en todos los sentidos, quiero que tengas confianza en mí, pero en especial que sientas confianza de ti, de tu belleza y sensualidad. Quiero comerte de mil maneras y besar tu cuerpo desde el principio al fin. Pero quiero que otros disfruten de ti, sin contacto sexual directo. Quiero hacerte acabar de mil maneras, más allá de la penetración. Que fluyan manantiales de tu sexo y disfrutar de ellos a plenitud, sin tabúes, sin vergüenzas y si con mucha confianza y libertad.–
–Me excita pensar que otros tienen también deseos por ti y que no pueden saciar sus ganas de tenerte. Quiero que tengas orgasmos placenteros con el sólo roce de mí piel, con tan sólo decirte una palabra. Sé que te gustará, que vas a disfrutarlo tanto o más que yo.–
–No estoy tan lejos de la realidad de tus gustos literarios, de tus fantasías y deseos.– Dice.
Con mí respiración cortada, apenas pude balbucear su nombre... –Marcos...–
–Me gustas Julieta y sé que soy correspondido, dame la oportunidad de hacerte conocer mi mundo.– Marcos dice con precisión y seguridad.
Me muerdo los labios y termino accediendo a sus locuras, a su extraña manera de conquistarme.
–Si quiero, quiero conocer tu mundo, quiero ser tu experimento, quiero que me desnudes más allá de como lo has hecho con tu mirada. Quiero ver hasta dónde me haces llegar.– Fueron mis palabras entre tanta excitación.
Llegamos al estacionamiento de la discoteca, entramos, él estaciona su carro, lo apaga y antes de salir, lleva su mano a mí entrepiernas, haciendo a un lado mí ropa interior, tocando mi sexo depilado y mojado...
Entre jadeos, me muevo un poco en el asiento, para darle mejor acceso a mi zona sur.
–¡Que delicia!– Dice. –Tus fluidos demuestran que vamos bien, así te quiero para mí.–
Me masturbó ahí, en su carro, en el estacionamiento de la discoteca. Sus dedos recorrieron cada centímetro de mí sexo, se hundían en mis adentros, como también jugaban dando círculos en mí clitoris.
Mis jadeos delataban mi excitación, y mis abundantes líquidos, mis ganas inmensas de estar con él y de vivir esa aventura de la que habla.
Justo cuando estaba cerca de un orgasmo, me pidió que me quitará el semihilo que llevaba puesto, el qué el me había regalado.
Accedí rápidamente, me lo quité y se lo entregué en sus manos, lo colgó en el espejo retrovisor y me pidió que saliera del carro.
–Pero, Marcos...– Le dije.
Me respondió: –Vamos que la noche apenas empieza.
–¿Me vas a dejar así?– Le dije.
–¿Cómo, sin ropa interior?– Me responde con una sonrisa llena de maldad y picardía.
–No chico, a medias, casi llegaba a mí orgasmo...– Le dije con deseos de que siguiera jugando en mí sexo. Pero no obtuve su atención.
–Vamos que no esperan Julieta.– Exclamó. Salió del carro y se dirigió a la puerta del copiloto para abrirla y que yo saliera.
–¿Te sientes bien Juli?– Me pregunta Angélica. –¿Te pasa algo, seguro que quieres entrar así?–
–Ella está bien. Estuvo contando uno sobre el baile y se emocionó mucho.– Contesta Marcos.
Angélica le reafirma: –Sí, Juli es muy expresiva.–
Marcos, me toma de la cintura y me da un beso en la mejilla, me dice al oído: –Entremos.– Y a más baja voz un : –Quiero cogerte aquí mismo...–
A lo que respondí volteando mis ojos y con un: –Si mejor entremos...–
Nos ubicamos en un rincón de la discoteca, justo cerca de la barra, pedimos unos tragos, volvemos a brindar.
Marcos me saca a bailar y en la pista le digo al oído: –No me pidas que me le insinúe a Alejandro, él es el novio de mí amiga, y no quiero llegar a esos extremos, no conociendo la moralidad de ellas.–
–Tranquila. Eso no está en mis planes.– Me dice: –Cuando vayamos a la barra, quiero que te sientes sexy y provocativa, que se note que no llevas nada puesto, quiero verte y que te vean.–
–No empieces Marcos.– Le dije
Y me responde: –Si sólo estoy empezando.–
Bailamos y pude sentir su paquete, duro y rígido, lo recostaba descaradamente contra mí cuerpo con cada movimiento del baile.
Llegamos a la barra y justo cuando estoy de pie pidiendo mí trago, Marcos se pone detrás de mí, recostando en mis nalgas su pene, logré sentirlo completo. Se acerca a mí oído y me dice: –Me encantas.–
Le sonreí, tomé mi trago voy al lugar donde está Milagros y Alejandro. Obedeciendo a lo que hablamos en el carro y dejando en la mirada de algún curioso que estaba libre de ropa interior.
Al pasar unos minutos, se me acerca un chico, unos 10 años menor que Marcos, aproximadamente. Se acerca y me dice que quiere bailar conmigo.
Marcos, me hace señas de aprobación, que sí, que lo haga.
El chico es bastante guapo y con un cuerpo de gimnasio.
Bailamos varías canciones del género musical, merengue. Sus manos bajaron más de lo normal, de mis caderas a mis nalgas. Agarrando con discreción, pero con mucha firmeza para sentir mi cuerpo cerca del suyo.
El chico bailarín, me pregunta: ¿No llevas ropa interior? Que delicia. ¿Y tu novio aún así, te permitió bailar conmigo? ¡Está loco!–
En mí risa pícara le respondí: –Si es él, quién me pidió que lo hiciera.–
–¿Y te deja bailar con otros hombres así?– Vuelve a preguntar extrañado.
Me río y respondo: –...dice que no tiene nada de malo, que el confía en mí.–
Seguimos bailando y más se insinuaba, éste chico se las trae, se pegaba tanto a mí cuerpo, que logré sentir como crecía su pene entre su pantalón, con cada roce al bailar sentía si firme y notorio paquete.
Marcos no me despegaba su mirada. Me miraba fijamente y con un toque de perversidad.
Si me preguntaban si quería salir del lugar y con quién, fuese dicho a gritos que sí, que quería irme con Marcos y el chico que me invitó a bailar. Para que entre los dos me hicieran suya y me hicieran delirar de placer.
Mi mente estaba entre esos dos hombres. Uno, Marcos por su seguridad y morbo al hablar desde un principio y el bailarín, por ser tan osado y por su cuerpazo atlético.
Empezaba a gustarme la situación, esa de coquetear con un extraño, de permitir que descaradamente rozara su paquete contra mí, esa de dejarlo que tocará mi cuerpo.
Cambiaron de música y volví a acercarme a mí grupo.
Marcos me dice en un tono divertido: –Excelente Julieta, bailas muy bien.–
Le respondí mordiéndome los labios: –Gracias, él también baila muy bien.–
Milagros y Alejandro salieron a bailar. Al igual que Angélica, ella no trajo acompañante, pero eso no fue impedimento para pasarla de maravillas, se divertía a lo grande, conversaba, bailaba, se reía.
–El chico se dió cuenta que no llevo ropa interior y al descubrirlo, se notó muy excitado– Le dije a Marcos.
–¿Cómo sabes que se excitó?– Me pregunta.
–Primeramente, porque conozco la fisionomia masculina, porque pude sentir como crecía su pene, cada vez que rozaba su cuerpo contra el mío.– Le respondí.
–¿Y te gustó?– Pregunta.
–Me excitó bastante la situación.– Le dije.
–¿Estás mojada?– Pregunta con maldad en su mirada.
–Deberías comprobarlo personalmente.– Respondí.
Me pregunta: ¿Acaso también soy tu experimento?
–No Marcos, sólo eres ese tipo extraño, que me da morbo y a quién quiero cogerme en éste mismo instante...– Respondi. –Me pareces un hombre interesante, con unos gustos diferentes, con maldad morbosa en tu mirada y a la vez mucha ternura.– Mirándolo fijamente le dije: –Eres alguien con quién puedo ser yo, sin tabúes y sin miedos a ser juzgada.–
Sentí como se intimidó cuando me dice: –Hablamos de esto en otro momento ¿Vale?–
–¡Vale!– Respondí.
–¿Quieres otro trago?– Pregunta Marcos.
–Marcos vas a embriagarme si sigues así...– Le respondí.
Se levantó y fue a la barra por la bebida, trajo un vaso también para mí.
Chocando los vasos en forma de brindis, dice: –¡Salud! Porque la vida unió los caminos de éste par de locos, amantes al sexo y a la libertad de su disfrute.– Concluye el brindis y continúa: –Déjate guiar, sin ser tu Amo, quiero que me obedezcas. Sé que nos vamos a divertir y que disfrutaremos cada encuentro.–
Choco mí vaso contra el suyo y le digo: –Por la libertad de nuestros deseos.–
Se acercan Milagros y Alejandro y se integran a la conversación.
Alejandro le dice a Marcos: –¿Qué te parecen nuestras bailarinas?–
–Bailan excelentes.– Contesta Marcos.
Ustedes hacen bonita pareja.– Dice Milagros.
–Amiga.– Le dije abriendo lo ojos como platos.
Alejandro le dice a Marcos: –Aprovecha amigo, antes que otro conquiste su corazón.– Señalando a Milagros, continúa: –Mira, aquí está mí esposa, la conquisto día a día, para que nadie más pueda ser dueño de u corazón.–
Marcos le responde a Alejandro: –Eso es malo ser egoísta.– Mientras le extiende la mano a Milagros para ir a bailar, esperando de Alejandro un gesto de aprobación.
Se fueron a baila y quedé con Alejandro conversando. Alejandro es un hombre muy sensato, ama a su esposa y es un buen amigo. Confío en sus comentarios, más no siento la confianza de desnudar mí forma alocada de ver el sexo y el amor. No quiero dañar la relación de amistad que tengo con ellos. Son una familia muy bonita y consolidada.
Alejandro me dice: –Marcos se integró muy bien. Parece un buen hombre y se nota que le gustas mucho. Pórtate bien Juli, los años pasan volando y no siempre tendrás juventud y belleza.–
–Alejandro, yo me porto bien, no es mí culpa conseguir sólo idiotas a mí paso, o quizás sí, por no saber reconocerlos a tiempo y terminar llorando a mares por sus engaños. Llevo tiempo sóla, es hora de volver a intentarlo y sí, se vé un buen tipo. ¡Me gusta!– Respondí.
A regresar Milagros y Marcos, a nuestro lugar, Alejandro dice: –Ya es tarde, debemos regresar a casa.– Recorriendo la disco con la mirada dice: –Angélica, desde que llegó a la discoteca, no ha parado de bailar. Pero tendré que interrumpirla para saber si se irá con nosotros o si piensa quedarse.–
Al localizar a Angélica, Alejandro le hace señas con la mano para que se acerque a donde estamos.
–Angélica, nosotros nos vamos, ¿Te vas con nosotros o te quedas?– Le pregunta Alejandro.
–Me voy con ustedes. Aunque quisiera quedarme a seguir bailando...– Responde Angélica.
–Bueno Marcos, nosotros nos vamos. Tengan mucho cuidado en el camino y no lleves a Juli, tan tarde a casa. Dile a Juli que te dé mi número, para cuando regresemos del viaje, vayamos a la playa. Eso sí, será un viaje familiar, llevaremos a nuestros hijos.– Alejandro se despide de Marcos, estrechado su mano.
Marcos le sonríe con gesto cortés, dándole un apretón de manos. –Claro. Un viaje a la playa nos carros muy bien. Cuídense y que les vaya bien en el viaje– –Chao Angélica, un placer conocer.–
Alejandro y Milagros me dan en unísono el consejo de –"Pórtate bien Juli..."–
–Los quiero chicos, cuídense y disfruten el viaje. Besitos a los niños.– Me despido de Milagros y su esposo.
–Cuídate Angélica, estamos en contacto.– Le doy un beso en la mejilla a Angélica
Sugiero para todos –Le decimos a Martha y a Karina, del viaje a la playa, para que también lleven a lo niños.–
Marcos me pidió quedarnos un rato más en la disco, se nota muy contento y quiere seguir bailando...
–¿Por fin, te tengo sólo para mí?– Dice Marcos, tomándome por la cintura y dándome un tierno beso en los labios. –No pienso compartirte más, en lo que resta de noche. Eres sólo mía.–
–Puedo ir a bailar de nuevo con el chico apuesto del gimnasio... Pero, no, prefiero quedarme y bailar contigo, sólo contigo...– Le dije en forma jocosa y a la vez pervertida. –Bailaré sólo contigo, que si, no me haces el amor, al menos, estuve cerquita de ti...–
Entre baile y baile, nuestro cuerpos se acoplaban más de lo habitual, olvidando que estábamos en un lugar público, con poca luz, pero público al fin. Nuestras manos acariciaban lo posible. Nuestras miradas explotaban en excitación.
No pudimos contener más nnuestras ganas, en plena pista de baile, nos comimos a besos. Besos que hicieron que saliéramos del lugar, porque necesitábamos una intimidad plena, para continuar todo lo que había empezado y terminar en éxtasis.
Al llegar al estacionamiento, subimos al auto. Marcos toma del espejo retrovisor, el semihilo que me había quitado antes, lo huele, me mira a la cara y me da un beso, dónde su lengua recorre mí boca, invitando a la mía a una danza humedad y provocativa. Muerde mis labios y pasa la punta de su lengua, por la comisura de mis labios.
Mientras nos comemos a besos, su mano se desliza por mis piernas, las cuales automáticamente se abren para darle mejor acceso...
Al tocar mi sexo, suspiré entre jadeos. Estaba muy mojada, sus dedo quedaron inundados de mis fluidos. Subió sus manos hasta mi boca, para que saboreará sus dedos humedecidos de mí...
Primero pasé mí lengua y después abrí mí boca, para chupar sus dedos. Si algo disfruto, es probar mis fluidos directo de la boca de mi amante, de sus dedos y de su sexo. Eso me excita demasiado.
Cuando estiré mí mamo, para llegar hasta su pene, me sujetó con fuerza y me dijo: –Mejor nos vamos, no vaya a llegar el vigilante y vea cómo te hago el amor en su estacionamiento...–
Él seguía con mí semihilo en sus manos. Encendió el vehículo y se condujo a la salida. En la puerta hay un chico que visualiza los vehículos. Veo que Marcos le da una propina y también le da mí tanga...
–Estás loco Marcos. ¿Cómo haces eso?– Le dije asombrada y muerta de la risa.
–Deja que disfrute del olor de tu sexo y de tu humedad, porque cuando la pasé por tu entrepiernas, la dejaste empapada.– Dice riéndose. –Mañana tienes otra igual en tus manos. No te preocupes..–
Vamos camino a su casa. No dejó un instante de acariciar mis piernas y de estimular mí sexo. Sus movimientos me hacían contorsionarme en el asiento.
–Marcos, para por favor– Balbuceo.
–¿Estás segura?– Pregunta, mientras lleva sus dedos nuevamente a mí boca.
Los saboreo, y los baja de nuevo a mí sexo. Ésta vez, va penetrandome con sus dedos, vuelve a mí clitoris con sus movimientos subiendo y bajando, se detiene a sólo movimientos circulares, haciendo presión...
No puede evitar dejarme llevar por él y terminé explotando en un orgasmo. Me desplomé en el asiento, casi sin poder respirar y sintiendo el charco que había dejado en mí entrepiernas.
Marcos siguió con su mano en mí sexo, como buscando recoger mis líquidos. Pensé que me los daría a probar. Pero, ésta vez, llevó sus dedos a su boca, los olió y los saboreo con deleite perverso.
–¡Prepárate, que aún no hemos llegado. Aún no ha pasado nada de lo que tengo en mente para ti! Me advirtió, con maldad, deseo y excitación en su mirada.
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