Camino a mis clases de danza...
Dos veces por semana voy a clases de danza, para llegar a mí academia debo pasar por varias tiendas comerciales, entre ellas y justo al lado de la academia está un Sex Shop, dónde venden de todo, lencería disfraces, juguetes, música y libros. Venden, hasta dulces, golosinas.
Yo amo el sexo, el erotismo, la lectura y la música, casi, que en un mismo orden...
De vez en cuándo, pasó y compró algo. No tan llamativo a la vista, porque las mojigatas de mis alrededores mueren de pudor y no tan costoso, porque mí economía no da para tanto.
En esa tienda, hay un hombre de unos cuarenta años de edad aproximadamente, guapísimo, alto y de una mirada sexy y seductora.
Desde que empecé mis clases de danza, él ha sido muy cortés, me saluda, me da los buenos días, las buenas tardes y un "nos vemos pronto". Mientras dice eso, lanza una sonrisa y una mirada llena de picardía.
Debe ser el dueño o el encargado de la tienda, lo asumo, por la libertad que tiene al estar ahí.
Mí primera compra fue un CD de música instrumental y un conjunto de ropa interior que vi a buen precio, pero nada erótico, sino, más bien sexy y cómodo.
A las semanas, hice mi segunda compra, fue un libro, "El diario de una voyeur" de Maya Reynolds.
Entre la decoración del local, tienen un mostrador giratorio para los libros, que me fascinó, es un mueble que da vueltas, en donde están exhibidos los mejores libros de la tienda.
Mientras estoy en la tienda, como compradora, siento que todos son para mí. Sueño de toda lectora...
Mientras estoy en la tienda, como compradora, siento que todos son para mí. Sueño de toda lectora...
Como ando en transporte público, suelo cambiarme en la academia, al llegar y al salir de clases, cuando me llevan en carro particular, ahí sí me voy vestida de una vez con el uniforme y no es vanidad, ni por ser presumida, pero me queda muy bien.
Mido 1,60cm de estatura y mí complexión física es delgada, con carne y curvas, tengo buenas piernas y un buen trasero, mis senos, mis senos si son pequeños, pero tienen buena vista, y están paraditos, en su sitio.
El uniforme es un leggings negro, ceñido al cuerpo, que resalta mí trasero respingado, se notan mis nalgas paradas... Con un top negro y fucsia, que lleva grabado el diseño de la academia, también es pegado al cuerpo, por el escote del top, muestro los lunares que tengo en mí seno izquierdo.
No tengo un abdomen fitness, de revista deportiva, estoy en una contextura puedo decir que normal, quizás, un poco caribeña, tropical, latina. Una mujer de verdad.
Tengo un piercing en mí ombligo, la piedra es de color fucsia, que hace juego con el uniforme y combina perfecto con mí piel blanca.
Cuando el "cuarentón" sexy me ve con el uniforme, me desnuda con la mirada, hasta mis compañeras se dieron cuenta de eso.
En un momento de descanso de la clase, pasé a la tienda para comprar una botella de agua y unos caramelos; –¿Ya practicaste el CD que compraste? Me encantaría verte bailar–. Dijo el "cuarentón" mientras me cobraba los productos que llevé. Me sonrojé y le dije –Sabes que en ésta academia no dan esas clases–. Y me sonreí, –pero sí, lo escuché, incluso practiqué algunos movimientos, trae muy buena música; cuando llegue otro de ese género, me los guardas y me avisas cuando pase por la tienda; pero, si quieres verme bailar, puedes ir al evento anual y así nos ves a todas, hemos evolucionado mucho. Me tengo que ir, tenemos que seguir ensayando. Gracias–. Hago un gesto levantando la botella de agua, ya que tenía un sorbo en la boca.
–Cuando salgas, pasas por aquí, por favor–, me dice. Me volteo y subo el dedo pulgar en son de aprobación, ya que tenía un sorbo de agua en la boca.
–Te tardaste más de la cuenta– dice una de mis amigas y compañera de baile. –Socializando chica–, le respondí.
Seguimos el ensayo, terminamos la clase y me cambié de ropa. Me puse un vestido ceñido al cuerpo, de tela suave, de color azul oscuro, me lavé la cara, apliqué un poco de brillo en mis labios, arreglé mí cabello y me fuí.
Pasé por la tienda de mi galán y le dije:
–Hola. Dime, ¿Si irás al evento? Por cierto, qué grosera he sido, me llamo Julieta, mucho gusto y le tendí la mano–.
Tomó mi mano con seguridad y me dijo –Soy Marcos, es un placer conocerte. Si me invitas tú claro que voy a ir, ¿Es éste sábado verdad?–.
–Si, es en el teatro principal de la ciudad, la obra comienza a las 07:00 de la noche. Te invito, eso sí, te invito en nombre de todo el grupo–.
–Trato, ahí estaré–. Me da la mano, cómo cerrando una negociación.
–¿Y qué harás después del show?–.
–Seguramente iremos a cenar, a tomarnos unos tragos y de ahí nos vamos a descansar, hemos tenido muchos ensayos–.
–¿Y esa reunión es sólo para bailarinas o también para sus acompañantes?–.
–Será una cena, para todos los que quieran asistir, mís amigas irán con sus novios, las casadas van con sus esposos, estarán con sus familiares y amigos–.
–¿Y tú?–.
–La verdad, iré sola, bueno, contigo, mí familia nunca tiene tiempo para asistir a esos eventos–.
–Entonces seré tu acompañante si me lo permites–.
–Ok, te lo permito. Tengo que irme chao, cuídate. Tengo cosas que hacer–.
–Claro, entiendo, pero, dame tu número y así podemos conversar más y conocernos mejor–, me dice.
–Claro, no hay problema, sólo te digo, que no quiero esenas de celos, ni dramas de ninguna novia o esposa.
–¡Qué directa eres!, no te preocupes, en éstos momentos no hay nadie en mí vida–.
Guardamos nuestros números y seguí mí camino, creo que con la mirada que me dio, mí ropa interior desapareció por completo de mi cuerpo.
No supe nada de él, justo hasta la noche antes del evento, incluso, llegué a pensar que él no quería saber nada de mí, que no quería ir al evento.
Suena mí teléfono y era él.
–Hola.
–Hola, ¿Cómo estás? ¿Ya estás preparada para bailar, para brillar y para regalarme tu compañía?.
–Para bailar sí... Respondí.
–Pero, me invitaste a ir con tus amigos después del baile, ¿No me olvidaste verdad?–.
–Claro que no, es más, pensé que no querías ir–.
– No quise interrumpir tus ensayos–. Dijo.
–Gracias. Que bonito gesto–.
–Quiero regalarte algo para que los uses mañana. ¿Puedo pasar por tu casa?–.
–Pero, para bailar el traje ya está listo–. Contesté.
–. Déjame ir, te entregó el regalo y te dejó descansar–. Insistió. Dame tu dirección.
–No te molestes, no es necesario un regalo–.
–Por favor...– Dice con voz suave.
–Está bien, pero no vengas tan tarde, porque quiero dormir temprano–. Le dí la dirección de mi casa y llegó a la hora de hablar por teléfono.
Se bajó de un carro espectacular, con una caja de regalo, con un envoltorio muy bonito y con un sobre azul que contenía una nota.
–Hola–. Saluda con su sexy sonrisa.
–Hola. ¿Se te hizo fácil la dirección? Es que no soy buena orientando–. Mi frase entre nervios y emoción.
–Sí tranquila, por acá cerca vive mí hermana, conozco la zona–.
–Perfecto, sabes que no tenías que molestarte comprando regalos para mí, eso no me gusta, casi ni nos conocemos.
–Descuida, es algo de negocio. Espero que te guste. No pienso demorarme, así que me voy y te dejo para que descanses. Duerme bien, para que mañana sea tu día–. Me da un beso en la mejilla y camina hacia su carro.
Se voltea y me lanza un beso. Y hago el gesto de atraparlo con la mano.
–Lee la nota del sobre–. Me dijo.
Sube al carro y se va.
Entré corriendo a la casa, fuí a mí habitación para abrir el regalo.
Es un conjunto de ropa interior, de color negro y de encajes, semihilo y brassier. –¡Que bello y sexy!– Dije entre suspiros y risa traviesa.
Se nota que conoce mujeres es un conjunto casi que mandado a hacer para mí. Mi talla exacta. Creo que ni yo misma fuese elegido tan a la perfección cada prenda.
Abro el sobre y leo la carta. Dice:
"Julieta, no te molestes porque te traje un regalo, te he detallado por completo y sé que es tu talla, sin tocarte ya conozco tu cuerpo. Quiero que lo uses mañana, me haría feliz que lo hicieras. Además, elegí ese color porque combina con el uniforme de tu academia, con el piercing que llevas en el ombligo y con tu color de piel.
Me encantaría que bailarás para mí el disco que compraste en la tienda y que me dejarás ver cómo te queda el regalo, que estoy seguro te verás hermosa, divina.
Muero porque recibas la llamada de la protagonista del libro que compraste y me encantaría ser yo quien te indique qué hacer y cómo hacerlo en tu cuerpo. Hasta que no controles tus impulsos, hasta que tus piernas tiemblen...
Ansío verte mañana.
Marcos."
No sé, porqué pero no sentí atrevimiento en sus líneas, en su regalo. Sentí fue una excitación total. Mí respiración se agitó. Mojé mí zona sur inmediatamente. Marcos, me puso a temblar de sólo imaginar todo lo que quiere y pide...
Le escribí un mensaje a su WhatsApp diciéndole:
"Gracias, no tenías que molestarte, esta hermoso y justo a mí medida. Me quedará perfecto con el vestido que usaré mañana después del show. Por cierto, amo el color negro, es mi preferido y los encajes me fascinan. Tu carta ha sido un poco atrevida, lograste acelerarme el pulso. Siento que nos entenderemos muy bien. Feliz noche."
Le envié una foto de un vestido negro, ceñido cuerpo y su regalo, para que vea que si combina de maravilla. Ambas cosas estaban sobre la cama.
Le escribí al pie de foto:
"Posdata, quizás mañana sí alcanza el tiempo para un baile más, un baile de un sólo espectador. Y quizás si alcancen los días, para recibir muchas de tus llamadas, que dejen mis piernas temblando".
Ese cuarentln me puso a temblar... ¡Que tipazo!
Llegó el día del shows, sábado de corre corre. Lo de última hora, maquillaje y peinado, el traje no podía dejar olvidado, tampoco mí regalo se podía quedar en casa. Después del shows tenía que cambiarme.
Llegué, entre a camerinos y organicé mis cosas. Me cambié de atuendo. Llamé a mí amiga y le dí un trago de vodka para los nervios.
A salir a los alrededores para tomarnos fotos, vemos que está repleto el teatro.
Milagros me dice:
–Mira quién está allá... Tu galán. Está en el balcón central, justo en el medio...–
¡Dios. Qué nervios! Sí, es Marcos, todo elegante, que hombre tan sexy, tan guapo.
Quise olvidar que él estaba ahí, para no ponerme más nerviosa aún.
Comenzó el espectáculo, grupo a grupo fue mostrando lo mejor de sí, los camerinos llenos, rimbombantes de alegría.
Las frases eran ayúdame, arréglame, préstame, estoy bien, me veo bien... Eran las palabras entre mis amigas y compañeras.
Salimos dos veces al escenario, después de tantos ensayos, se pasaron volando en esos cinco minutos sobre las tablas. Cinco minutos cada para cada pieza musical, de meses de prácticas.
Era notoria la recepción del evento en la sociedad, estuvo a reventar el teatro, estando ya en camerinos, mí amiga sacó una botella de vino de una pequeña cava y unas copas.
Celebramos nuestra valentía y por el éxito del espectáculo.
Celebramos nuestra valentía y por el éxito del espectáculo.
Corrí con mi pequeña maleta directo al baño, para cambiarme de ropa, de toda ropa, mí sonrisa de picardía no cabía en mí rostro, ni en el espejo.
Marcos, eligió un conjunto perfecto para mí, me atreví a escribirle un mensaje: "No tardo. Me estoy cambiando. Gracias por venir. Tu regalo me quedó perfecto. Me encantó."
Al salir al estacionamiento del teatro, estaba ahí él, en toda la puerta de su carro, como un príncipe esperando a su princesa. O, cuál cazador, esperando a su presa. Tenía una rosa roja en la mano para entregármela.
–Me enteré que no te gustan los grandes ramos Así que quiero agradarte a tu manera–.
–Que bello, gracias. ¿Y quién será ese pajarito que te ha hablado de mí?–. Le dije con mucha emoción al hablar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario