jueves, 5 de septiembre de 2013

Quiso ser fantasía, pero prefirió ser realidad

Quiso ser fantasía, pero prefirió ser realidad

El piso de mi cuarto es mi refugio en mis horas de lectura y en esas horas que deseo escribir. No sé, probablemente sea el frío del piso con el contacto de mi piel que me hace crear e imaginar un mundo de fantasías, un mundo donde el sexo domina a sus súbditos y les somete a realizar las más recónditas aventuras por un poco de placer, por disfrute, amor o querer.

Esa noche quería escribir, escribir algo que dejara muy al descubierto a mis lectores, que en cada letra ellos saborearan lo dulce del pecado, lo amargo de las buenas costumbres y lo divino de lo inmoral.

Quería que la cara de placer y deseo los delatara ante el mundo entero.

Para comenzar con buenas ideas, tomé un vaso, cubos de hielo y una botella del mejor ron de mi país (Santa Teresa 1796®), sin publicidad alguna es el mejor. A quién voy a engañar diciendo que tomo vino, eso lo dejó al protocolo social y para las aburridas reuniones de trabajo.

Serví un trago, fui a mi closet, Seleccione una ropa interior muy sexy, que me hiciera desear mis infinidades de locuras prohibidas. Era un conjunto de mi color favorito, negro de encaje rojo, su tela muy transparente y suave, tan suave que al ponérmela sentí una rica sensación. Aproveché la ocasión para verme en el espejo y convencerme a mi misma que ha válido la pena el esfuerzo y la fuerza de voluntad por querer estar radiante, no pude negarme a dar una caricia por mi torso y nalgas. Ansiaba por seguir pero necesitaba inspirarme para comenzar a escribir y compartir con ustedes algo pervertido, morboso y erótico…

Alcancé mi vaso de ron, bebí unos tragos. Me tumbé al piso, tomé lápiz y papel... Quise comenzar, pero sólo me salían un par de líneas, no pude formular oraciones, siquiera un párrafo había escrito cuando un chorrito del frío ron cayó de mi boca y rodó por mi seno, el frío en ese momento me erizo la piel, pero también me gusto esa frialdad.

Sin pensarlo pensé que algunas caricias me pueden inspirar, tomé un cubo de hielo y recorrí mi cuerpo, pasándolo por encima de mi ropa interior para ganarle a la curiosidad y ésta me hiciera ir más allá.

Cuando el hielo pasaba por mis senos, pude sentir como mis pequeños pezones comenzaban a crecer, a hacerse notar tras el tul de mi brasier, así bajé por mi abdomen, jugando con cada lado de mi torso, volviendo a mí ombligo, hasta bajar por mi sexo. El encaje no me permitía sentir directamente el frío y húmedo camino que marcaba el hielo.

Tomé un trago más de ron, metí mis dedos dentro y los llevé mojados de alcohol a mis senos, jugué con mis pezones y los embriagué de licor. El contorno de mis caderas, pegando mi trasero al suelo me hizo sentir que mi sexo llamaba mi atención y que esperaba por mí...

Lo acaricie por encima de ese mínimo hilo de color negro y rojo, pude sentir su palpitar y su humedad. Cuanto deseé en ese momento la compañía de un hombre, el cual pudiera disfrutar del espectáculo en primera fila y por supuesto, me hiciera gozar él a mí con su carne penetrando mi sexo.

Tomé un pequeño y travieso cubo de hielo y está vez volví a recorrer mi sexo, pero haciendo a un lado esa suave tela que lo protegía, recorriendo cada uno de mis labios vaginales y un poco más a profundidad, es una sensación algo extraña pero divina, que me hacia jadear y necesitar más de mis dedos, sustitutos de un pene erecto y jugos que jugará en mis adentros y bañara de leche mis entrañas, mis senos, mi mente y mi cuerpo.

Mis dedos dejaron el hielo e hicieron su trabajo, hacerme gozar en esa soledad que buscaba escribir una aventura imaginaria.

Sentir el jugo de mi sexo en mis dedos, me hace querer sentir más. Y saborearme me hace jadear…

Jugosa y dulce por dentro, con un olor suave, que hasta a mi me fascina...

Vuelvo a mi sexo y me olvido de corduras, de composturas, agito mi muñeca de arriba y abajo, mis dedos afuera y adentro, siento un escalofrío que recorre toda mi espalda, que me hace palpitar, mi sexo tiembla, siento una corriente, no la contengo porque sé que es el orgasmo que mis dedos siempre me brindan, jadeo, se me corta la respiración, hasta venirme en el suelo, dejando regado mis jugos, mis mieles.

Nunca creí sentir a mis lectores y contactos de un correo anónimo tan dueños de mis orgasmos, de mis fantasías, sí no fuera por esa historia que quise escribir, y que hoy se convierte en otras líneas, tan real como estas ganas locas de necesidad de placer sexual, pasional y eufórico…

Tu Sexy Bella

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