Quiso ser fantasía, pero prefirió ser realidad
El piso de mi
cuarto es mi refugio en mis horas de lectura y en esas horas que deseo
escribir. No sé, probablemente sea el frío del piso con el contacto de mi piel
que me hace crear e imaginar un mundo de fantasías, un mundo donde el sexo
domina a sus súbditos y les somete a realizar las más recónditas aventuras por
un poco de placer, por disfrute, amor o querer.
Esa noche quería
escribir, escribir algo que dejara muy al descubierto a mis lectores, que en
cada letra ellos saborearan lo dulce del pecado, lo amargo de las buenas
costumbres y lo divino de lo inmoral.
Quería que la
cara de placer y deseo los delatara ante el mundo entero.
Para comenzar
con buenas ideas, tomé un vaso, cubos de hielo y una botella del mejor ron de
mi país (Santa Teresa 1796®), sin publicidad alguna es el mejor. A quién voy a
engañar diciendo que tomo vino, eso lo dejó al protocolo social y para las
aburridas reuniones de trabajo.
Serví un trago,
fui a mi closet, Seleccione una ropa interior muy sexy, que me hiciera desear
mis infinidades de locuras prohibidas. Era un conjunto de mi color favorito,
negro de encaje rojo, su tela muy transparente y suave, tan suave que al
ponérmela sentí una rica sensación. Aproveché la ocasión para verme en el
espejo y convencerme a mi misma que ha válido la pena el esfuerzo y la fuerza
de voluntad por querer estar radiante, no pude negarme a dar una caricia por mi
torso y nalgas. Ansiaba por seguir pero necesitaba inspirarme para comenzar a
escribir y compartir con ustedes algo pervertido, morboso y erótico…
Alcancé mi vaso
de ron, bebí unos tragos. Me tumbé al piso, tomé lápiz y papel... Quise
comenzar, pero sólo me salían un par de líneas, no pude formular oraciones,
siquiera un párrafo había escrito cuando un chorrito del frío ron cayó de mi
boca y rodó por mi seno, el frío en ese momento me erizo la piel, pero también
me gusto esa frialdad.
Sin pensarlo
pensé que algunas caricias me pueden inspirar, tomé un cubo de hielo y recorrí
mi cuerpo, pasándolo por encima de mi ropa interior para ganarle a la
curiosidad y ésta me hiciera ir más allá.
Cuando el hielo
pasaba por mis senos, pude sentir como mis pequeños pezones comenzaban a
crecer, a hacerse notar tras el tul de mi brasier, así bajé por mi abdomen,
jugando con cada lado de mi torso, volviendo a mí ombligo, hasta bajar por mi
sexo. El encaje no me permitía sentir directamente el frío y húmedo camino que
marcaba el hielo.
Tomé un trago
más de ron, metí mis dedos dentro y los llevé mojados de alcohol a mis senos,
jugué con mis pezones y los embriagué de licor. El contorno de mis caderas,
pegando mi trasero al suelo me hizo sentir que mi sexo llamaba mi atención y
que esperaba por mí...
Lo acaricie por
encima de ese mínimo hilo de color negro y rojo, pude sentir su palpitar y su
humedad. Cuanto deseé en ese momento la compañía de un hombre, el cual pudiera
disfrutar del espectáculo en primera fila y por supuesto, me hiciera gozar él a
mí con su carne penetrando mi sexo.
Tomé un pequeño
y travieso cubo de hielo y está vez volví a recorrer mi sexo, pero haciendo a
un lado esa suave tela que lo protegía, recorriendo cada uno de mis labios
vaginales y un poco más a profundidad, es una sensación algo extraña pero
divina, que me hacia jadear y necesitar más de mis dedos, sustitutos de un pene
erecto y jugos que jugará en mis adentros y bañara de leche mis entrañas, mis
senos, mi mente y mi cuerpo.
Mis dedos
dejaron el hielo e hicieron su trabajo, hacerme gozar en esa soledad que
buscaba escribir una aventura imaginaria.
Sentir el jugo
de mi sexo en mis dedos, me hace querer sentir más. Y saborearme me hace
jadear…
Jugosa y dulce
por dentro, con un olor suave, que hasta a mi me fascina...
Vuelvo a mi sexo
y me olvido de corduras, de composturas, agito mi muñeca de arriba y abajo, mis
dedos afuera y adentro, siento un escalofrío que recorre toda mi espalda, que
me hace palpitar, mi sexo tiembla, siento una corriente, no la contengo porque
sé que es el orgasmo que mis dedos siempre me brindan, jadeo, se me corta la
respiración, hasta venirme en el suelo, dejando regado mis jugos, mis mieles.
Nunca creí
sentir a mis lectores y contactos de un correo anónimo tan dueños de mis
orgasmos, de mis fantasías, sí no fuera por esa historia que quise escribir, y
que hoy se convierte en otras líneas, tan real como estas ganas locas de necesidad
de placer sexual, pasional y eufórico…
Tu Sexy Bella
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