martes, 19 de julio de 2016

El hijo de mi vecino

Manuel es el hijo de mi vecino, seis años menor que yo. Recuerdo aún cuando era un niño hiperactivo e inquieto.

Su padre, mi vecino y amigo, también se llama Manuel. Siempre ha sido un hombre muy amigable. Las fiestas, reuniones y todo encuentro lo hacemos en su casa. Comida, chistes, cuentos y cervezas. Su esposa Martha gracias a Dios no es una mujer celosa y nos acepta en su casa.

Manuel padre, sabe que su hijo siempre se ha sentido atraído por mi. Y cuando se enteró que andaba detrás de mi, era un cómplice y me invitaba con más frecuencia a su casa, eran más frecuentes las reuniones.

Desde hace unos años, hace cuatro años para ser más precisa, Manuel se enteró que había quedado soltera. Pues, directamente se dedicó a lanzarse en mi cacería.

Siempre fue un niño, un adolescente y ahora un hombre muy activo físicamente, béisbol, atletismo, gimnasio...

Hace cuatro años, después de mi separación, típico, decidí invertir el tiempo libre en mi, empecé el gimnasio, empecé a trotar, a comer balanceado y mejor y a cuidar mi cuerpo y salud.

Teníamos temas en común en ese momento. Rutinas, entrenamientos, recetas, consejos y su afán por conquistarme.

Siempre le dije muy claro que lo veía como un niño, como el hijo de mí amigo... En ese entonces paró su conquista y fuimos excelentes amigos.

Dos años después, sigue su lucha por ganarse aunque sea un beso de mis labios.

Una noche de tragos, se me pasó la mano y me embriagué. Estaba muy mal.

Manuel hijo, se ofreció a llevarme a casa. No podía ir sola, siendo sólo cuatro casas las que nos separaban.

Cuando ya estaba en la puerta de mi casa, casi me caigo y él me sostuvo entre sus brazos. Me abrazó y me dijo "Cuanto he deseado tenerte así entre mis brazos... Pero sin ropa". Nos miramos fijamente y en un abrir y cerrar de ojos estábamos basándonos.

Al instante entré a mi casa y él siguió a la suya. No nos vimos, sino, pasado quince días, en el cumpleaños de su primo, como dije, siempre celebramos en su casa todos los eventos de su familia y amigos más cercanos.

Ese sábado trabajé hasta el mediodía, preparé unos pasapalos, me puse bonita y me fui al cumpleaños.

Manuel hijo estaba con su familia, amigos y conocí también a su novia. Después de tanto pretenderme y tenía novia. Claro, no podía sentir celos, nunca había dado pie a una relación entre nosotros, más que un beso de borrachera.

Toda la reunión marchó fluida, música, comida, bailes, cuentos y risas.

Manuel padre me dice entre risas "¿Estás celosa de mi nuera?". Le dije que no y seguí mi camino.

A las 10:00 pm cantamos cumpleaños y los que viven lejos se despidieron, incluyendo a la novia de Manuel hijo.

Decidimos jugar a tragos y a cantar Karaoke y quién desafinara tenía que beber...

03:00 am Sólo quedamos despiertos su prima, Manuel hijo y yo. Teníamos el trago recién servido y su prima se despide. Le dije que al terminar mi vaso me iría a casa...

Empezamos a conversar de nosotros, me dijo que quería besarme de nuevo y se fue directo a mi boca. Le respondí, un beso nuevamente con licor, pero no tanto, como el anterior.

Entre besos, caricias y licor, se me subió el deseo y las ganas a la cabeza y se me bajaron a la entrepiernas. Con mi respiración entrecortada olvidé que era menor que yo, que es el hijo de mi amigo, que tiene novia y que estaba en su casa.

Fuimos a su habitación, nos quitamos la ropa con rapidez y arrebato, cada instante eran más intensos los besos, más profundas las caricias. Su mano bajó a mi zona sur y era notorio la fluidez de mis líquidos, mi mano subía y bajaba en su pene.

Nos masturbamos largo rato, comiéndonos nuestras bocas... Subió su mano y metió sus dedos en mi boca, pude saborear mi humedad, el deseo del momento.

Me tumbó en su cama... Me besó en el cuello, chupo y lamió mis senos, mis pezones erectos fueron presa de sus dientes. Su lengua recorrió mi abdomen y jugó en mi ombligo.

Pensé que disfrazaría su recorrido hasta llegar a mi sexo. Pero no, se lanzó directo a mi hinchado clitori, lo chupó y mordió de un modo que sus edad quedó olvidada por completo.

Su lengua recorría cada centímetro de mi sexo, entraba y salía de mi húmeda y hambrienta cueva.

Se giró para dejar su pene erecto y lubricado, a la distancia de mi boca. No dude en comermelo todito. Rosado, suave, firme, grueso... Muy duro y mojado. De sabor dulce. Mientras lo chupaba, mis manos lo masturbaban. Disfrutaba chupar su cabeza y después meterlo, hasta donde permitiera mi garganta.

Lamí sus testículos, los metí a mi boca, mientras mi mano subía y bajaba en su falo.

Mientras Manuel jugaba con sus dedos en mi sexo, su lengua recorría mi ano. Por un instante, su dedo se dedicó a jugar en mi culito. Estaba volviendome loca. Y sin podré jadear a mis anchas, ni gritar, para no despertar a nadie.

Dejé de chupar su pene y agité rápido mi mano... Le insistí entre suaves, pero repetidos jadeos que necesitaba sentirlo. Que.lo quería dentro de mi.

De su mesita de noche, tomó un preservativo, se lo puso en su pene, le quedaba apretado... Y se clavó en mi carne. Fuerte, firme y profundo. Ahogué mi dolor en su boca, pero mis manos apretaban sus caderas y sus nalgas contra mi... Lo quería así, duro y profundo.

Entraba y salía de mi con la destreza de su edad.

Por un instante se detuvo. Se sentó en un banquito y me pidió que me sentara sobre el... Que delicia poder manejar la situación y ser yo quién llevara el ritmo...

Ver su cara de placer cuando nuestras pelvis chocaban... Y mi pelvis se mecia para sentirlo mejor... Sus manos acariciaban mis senos, y los llevaba a su boca. Amé cuando tuve mi orgasmo, sentada en su pene y mordió mis pezones.

Siguió dándome duro... Hasta que lo vi quitarse el preservativo y me pidió que me arrodillara. Chupe su pene aún erecto y a punto de reventar.

Me pidió que acariciara mis senos... Se masturbó frente a mi y me bañó con su leche tibia y abundante. Con su leche recorrí mi cuerpo con mis caricias.

Lamí su tronco rosado y aún bañado en leche. Dulce y tibia.

Nos vestimos y me acompañó a mi casa. Nos despedimos con un beso.

Me gustó su forma de coger, sin embargo, no lo hemos hecho de nuevo. Nos vemos y sonreímos al saludarnos.

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