miércoles, 29 de enero de 2014

Hace diez años ya...

Hace diez años ya...

Cuando comencé a escribir sobre poemas y relatos eróticos, yo pensaba y decía que lo erótico estaba lejos de lo pornográfico.

Claro, estaba empezando a conocer un mundo desconocido, algo diferente a lo acostumbrado.

Pero con el pasar del tiempo, y al obtener más experiencia, la vida me demostró lo contrario.

Claro, hay formas y maneras de amar, de desear, de sentir y hacer sentir.

La vida me enseñó que hay unas personas que le gusta lo suave, lo dulce, porque no han conocido aún lo fuerte, lo duro, lo agrio, lo amargo, lo salado.

También he aprendido que sólo puede gustarte lo suave o lo fuerte, o ambas intensidades a la vez.

Se puede disfrutar de ambos escenarios, en distintos momentos. Juntos o separados.

Lo importante es estar claro en lo que deseas, en lo que necesitas, en lo que desea y necesita tu pareja. Se pueden mezclar fusiones, sabores y colores... Siempre y cuando no se le haga daño a la persona con la que compartimos, ni a la relación que llevemos.

Algunas veces la poca comunicación, los tabúes y toda esa basura que siembran en nuestras mentes con el desarrollo, el paso de los años y gran parte de nuestras vidas, son las responsables de una vida sexual, aburrida, no plena e insatisfecha.

Nunca entenderé porque la gente ve el sexo como algo del demonio, como un pecado, como una falta o un delito.

Si el sexo es el modo de mantener la especie, hagámoslo como animales, si eso nos gusta, pero disfrutémoslo como humanos y mejoremos lo que no nos gusta. Para eso somos los animales que podemos razonar.

Mis primeras relaciones fueron de aprendizajes, de conocimientos y entendimientos. A pesar, de que ya conocía mi cuerpo, porque me he masturbado desde temprana edad, no conocía mi reacción ante unas manos y un cuerpo que no eran míos.

Sí, llegué a conseguir orgasmos en mis primeras citas. Pero cuando aprendí que podía disfrutar más, se lo hice saber a él y se lo he hecho saber a quiénes han compartido conmigo una relación pasional entre cuatro paredes, en un carro o a orilla de playa.

Los resultados han sido diferentes, para mejor. Para ambos.

Recuerda que nadie conoce tu cuerpo como lo conoces tú.

Si te gusta que te toque, te penetre, te bese, te lama, te muerda, te chupe, te golpee (golpes suaves, eróticos, nada de maltrato físico como si de un ring de boxeo habláramos). Hazlo saber.

Dile a tu pareja, a tu acompañante lo que quieres, lo que te gusta.

No lleguemos al egoísmo.
Pregúntale a él/ella qué quiere, qué le gusta, si lo está disfrutando.

Aunque en la cama hablan más las miradas de placer, de excitación, la respiración, los jadeos y gemidos, que algunas palabras.

Tampoco lleguemos a la mentira. A sobreactuar. Fingir en la cama, es como comer sin hambre y beber sin sed. Crees que haces un bien y a la final causas un mal.

Si te cuesta sentir, llegar a un orgasmo y explotar de placer, habla con un médico ginecólogo o urólogo, con un especialista en temas sexuales, sexólogo o psicólogo de pareja. No es normal esa falta de sentir. A menos que no te guste la persona que comparte contigo el momento.

Y como digo yo. Para qué estar con alguien que no nos gusta, ni nos motiva. Eso es perder tiempo, perder la vida misma.

Mis amigas de mi vida real se espantan cuando me oyen hablar. Y sé que a más de una sus maridos les pegan los cuernos.

Tanto el hombre, como la mujer se cansa de lo mismo. Es cuestión nuestra hacerlo diferente y sin rutina. Sin miedos, sin pena, sin temor. Porque entonces para qué tenemos una pareja. La pareja está para todo en la vida de ambos, así se decidió cuando aceptamos la convivencia.

Y el sexo aunque muchos no lo vean así.

El sexo es importante, prioritario ante una relación de pareja. Ir a un restaurante donde no te gusta la comida no es nada placentero, ni estimulante. Lo mismo pasa al ir a la cama. Ir a la cama con alguien que no te gusta o no quieres, no es nada placentero, ni estimulante.


Que corta se nos hace la vida y qué ganas tenemos algunos de hacerla más difícil...

Tu Sexy Bella

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