Turismo sexual
Mis vacaciones
estaban ya planificadas, día de salida, cheque depositado, reservación de
hotel, boletos de avión y maleta lista...
Maleta que
bastante trabajo me dio... Eso de organizar y elegir lo más bonito, sexy,
sensual y provocador del closet no es tan sencillo. No repetir ropa interior,
mucho menos vestidos... Nunca se sabe a
quién se puede topar unas dos veces en la vida.
La lencería más
sexy la dejé para la noche. Quería meterme de lleno en el papel de mi diosa
interna. Vestiditos pegaditos o sueltos, pero todos cortitos...
Destino mi
hermosa isla del caribe... A tan sólo 40 minutos para llegar, descansar y
disfrutar…
El día del vuelo
me costo aún trabajo el aceptar que viajaría sola. Mis amigos no tienen
vacaciones a la misma fecha. Sin embargo, tomé un taxi hasta el aeropuerto.
Esperé mi vuelo y abordé. Pedí el lado de la ventanilla para evitar aburrirme
viendo al los lados y sin saber quién sería mi acompañante de asiento.
Decido llevar un
libro, por si en algún momento debía
hacerme la loca e ignorar a quién se siente a mi lado.
Cuando veo a mi
acompañante quedé boquiabierta... Era un hombre como de 40 años. Pero con rasgos
muy juveniles y atléticos. Llevaba un suéter azul, que le combinaba con sus
hermosos ojos color mar y un blue jean que le quedaba perfecto. Sus brazos
fuertes, llevaban al final unas manos grandes y bien cuidadas. Unas piernas
largas. Ha de medir 1,80 ó 1,85.
El hombre de
cine... Pude detallarlo muy bien, incluso él me vio observándole. Sentí un poco
de pena, cuando nuestras miradas chocaron. Él sonrió. No sé, si por cortesía o
porque sintió el interés que despertó en mi.
Inicié mi
lectura... Sonreía porque parte de la historia me recordaba a cosas vividas. Me
parecía extraño que la escritora haya reflejado en letras una de mis vivencias.
Y yo pensando que soy extraterrestre...
Le llamó la
atención mi sonrisa repentina, o el que por más que quería ver el libro, no
dejaba de voltear a verlo a él.
No tardó mucho
en hablarme...
El día del vuelo
decidí llevar un vestido a rayas, modelo marinero, blanco y rayas azules, con
una cinta roja amarrada a mi cintura, el vestido llega más arriba de mis
rodillas. Sandalias del mismo azul de las rayas del vestido. Son cómodas y
puedo quitármelas fácilmente.
Debo confesar
que guardo poco estilo de mujer culta al leer, mucho menos si me toca pasar
cierto tiempo en el mismo sitio, soy muy inquieta, debo confesarlo... Así que
me quito las sandalias y subo las piernas al asiento, así como se sientan los
indios, con las piernas cruzadas. Llevo una bufanda amarrada a mi bolso, la
desamarro y doblo para colocarla en mis piernas y así no enseñarle a mi
acompañante mí ropa interior... Que con ese cuerpazo y esos ojos que enamoran
era lo que en realidad quería.
Me preguntó sobre
qué leía, si podía recomendarle algún libro. Jajaja yo que he leído últimamente
libros eróticos tengo que recomendar un libro. No sabía que cara poner y menos
que decir, no a todos les gusta la literatura erótica y no todos ven con buenos
ojos a sus lectores, sino, te ven como una zorra depravada de algún bar de mala
muerte… Los tabúes y su gente. Necesitamos crecer como cultura.
No quise decirle
que era un libro erótico. No sabía si lo iba a tomar de modo natural o se
escandalizaría... Preferí decirle que era un libro de crecimiento personal, que
me reía de las tantas veces que he leído y escuchado lo mismo y el mundo sigue
igual. Sin aprender, sin crecer y
siempre en vez de buscar la paz y felicidad, el odio y las guerras proliferan.
A lo que me
respondió "Mientras las personas se pongan límites muy cortos, la vida irá
así… El mundo seguirá igual. Las personas deben aprender a aceptar las
decisiones de casa quién y sus gustos. Debemos disfrutar la vida y de los
momentos..."
Éste hombre
definitivamente piensa igual que yo...
Le respondí que
tenía razón, que hay que disfrutar de la vida y de lo que llega por casualidad
o coincidencia. Como el encontrarnos acá ahora y tener una conversación donde
estamos de acuerdo. Me atreví a agradecerle por permitirme el poder disfrutar
de esos ojos azules encantadores.
Él se ruborizó y
me dio las gracias...
No sé si el
piropo fue sincero o por corresponder a lo que le dije. Me dijo que también le
agradaba mi compañía y que tener cosas en común nos iba a mantener entretenidos
hasta llegar a nuestro destino.
Y así fue...
Hablamos de
tantas cosas y siempre que podía, yo le respondía con un doble sentido e
insinuación.
Se cayó de mis
piernas la bufanda y él me ayudó a recogerla y a colocarla de nuevo en su
lugar. Vio mis pies blancos, pequeños y bien arreglados. Me dijo que le gustaban,
y me dio una caricia electrizante... Siempre he tenido cosquillas en casi todo
mi cuerpo y esa zona no escapaba de ellas.
Me dijo que uno
de sus fetiches eran unos pies femeninos bonitos y bien cuidados, que podía
besarlos y contemplarlos por lo lindo que los tenía... Eso me ruborizó un poco,
nunca he aceptado caricias, mucho menos besos en mis pies, ya que a pesar, de
saber que los tengo bonitos y que siempre los llevo bien arreglados, no me gustan
de un todo…
Estiré mis pues
y puse cara de confusa, como pensando “sí son bonitos mis pies”. Él acarició mí
pie derecho y subió su mano por mi pierna causando en mí una especie de
corriente eléctrica y una sensación de humedad en mis entrepiernas...
Si quería tener
una aventura en mí viaje, para no hacerlo aburrido, ni rutinario. Pero nunca
imaginé que fuese tan rápido.
Tomé su mano
para detenerla mientras buscaba recobrar mi respiración, lo miré a los ojos y
lo que hizo fue guiñarme el ojo y poner sus dedos en mis labios, insinuándome
que no dijera nada. Se acercó y me dio un beso. Beso donde nos comimos nuestras
bocas y nuestras lenguas jugaban a encontrarse... No aguanté y esa misma mano
que una vez detuve por pudor, ésta vez la lleve justamente a ese rincón de mi
cuerpo que me domina, que con su humedad me indica aprobación de lo que hago...
Sus dedos acariciaban
sobre mi ropa interior. Jugó con mi sexo, con el líquido que de mí salía por
él, por su presencia. Llevó sus dedos mojados a su boca y compartió conmigo ese
sabor que al mezclarse con besos me excita tanto. Sin imaginar cuando lo tome
directamente con sus labios en mi sexo y me bese... Hummm que rico.
Vuelve a jugar
en mi sexo y yo ya no encuentro cómo disfrazar tantas ganas, tanto deseo y
ganas de gritar el orgasmo que comienzo a sentir. No puedo más, estoy agitada,
ansiosa, preocupada a su vez porque nos vean, pero eso me excitaba más… Mojé su
mano, hasta el asiento quedó mojado por la explosión de mí entrepiernas.
Me dijo que
quería estar dentro de mí, que deseaba comerme entera...
Le respondí que
también deseaba eso, pero que era difícil cumplir esa fantasía de tener sexo en
un avión, ya que nuestro destino era muy cerca y había varios pasajeros cerca.
Le indiqué la
dirección del hotel donde me hospedaría y mi número de teléfono.
Nos despedimos
con la certeza de que continuaríamos nuestra travesura junto a un amanecer de
nuestras vacaciones, devorándonos, satisfaciendo nuestras ganas...
Continuará…
Tu Sexy Bella
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